Una bolsa

Una bolsa

Llegas a una nueva ciudad y tu hora de entrada al hotel son las 3 de la tarde. Tú has aterrizado a las 7 de la mañana y maldices el hecho de que llevar una maleta te obliga a ir primero al hotel para deshacerte de ella.

Aunque tengo que reconocer que en un par de ocasiones viajar con alguien que lleva maleta me ha llevado a pasar un buen rato (recuerdo cierta terraza en Hamburgo) no me gusta viajar con una maleta. 

Soy un firme defensor de tener lo mínimo posible y más aún en mis viajes. Tengo que reconocer que me gusta tener cosas y que batallo a diario con no acumular cosas y deshacerme de aquellas que no utilizo. 

Viajo ligera. Creo que los más importante es estar de buen humor y disfrutar donde quiera que estés.

Diane von Furstenberg

A veces intentamos conseguir completarnos con posesiones materiales. Por eso viajar con menos es una experiencia liberadora y que a la vez te abre los ojos. Me hace darme cuenta que hace falta muy poco para ser feliz. Incluso te convierte en una persona más feliz. Tendemos a preocuparnos por todo y cuantas más cosas tienes más te preocupas. 

Moverse es muchos más sencillo. Navegar los aeropuertos es mucho más fácil si solo llevas contigo una mochila sobre la espalda.  Además te permite viajar con el tiempo más justo pues no tienes que facturarla y no tienes que recogerla después del vuelo. No tengo ningún problema en subir o bajar escaleras o pasar por huecos estrechos porque mi mochila va pegada a mi espalda.

Cuando viajas en autobús no tienes que dejar tu equipaje en el maletero. Esto es especialmente importante en viajes largos en los que duermas en el autobús. No quieres que tu mochila desaparezca durante una de las paradas del viaje. Hay países con sistemas más eficientes pero no me gusta arriesgarme. Las paradas de autobús son un lugar ideal para los ladrones: mucha gente desorientada, y mucho meneo. 

Si viajas solo puedes ir al baño sin tener que abandonar tu equipaje o tener que confiar en un buen samaritano. 

Son esas pequeñas cosas que te liberan y te hacen preocuparte menos. 

Mucha gente piensa que no es posible viajar con poco pero es como todo en esta vida: todo es acostumbrarse. Es curioso como cuando tenemos de cualquier cosa lo usamos menos: si tienes poco dinero sabes que algunas actividades están fuera de tu alcance, si vives en una casa pequeña te amoldas y haces que los espacios sean más funcionales.

Cuando nos permiten más espacio parece que nos están obligando a llenarlo. Con el equipaje ocurre igual que con los gases: se expanden hasta ocupar todo el espacio.

Si tengo una mochila o una maleta más grande tengo que llenarla, siempre por el “porsi”: por si pasa algo, por si no lo encuentro… Al final del viaje te das cuenta que no has utilizado la mitad de las cosas y algunas cosas tal vez solo una vez. 

Para evitar este tipo de situaciones creo que una buena idea es tener el Principio de pareto: el 80% del tiempo utilizamos el 20% de las cosas. Lo puedo corroborar mirando en mi armario: tengo prendas favoritas que uso la mayoría del tiempo.

Doy por seguro que me va a ocurrir lo mismo cuando viaje, la mayoría del tiempo voy a utilizar las mismas cosas. Y no soy de los que se preocupa mucho sobre qué piensan los demás cuando visto pero es que cuando estoy de viaje me preocupa muchos menos. ¿De verdad pienso que alguien se va acordar de aquella ridícula camiseta o aquellas chancletas horribles? Viajar con una sola mochila ayuda con una cura de humildad: soy muy poco importante como para que alguien se preocupe por mí o por lo que visto. 

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